Es difícil imaginar ahora a alguno de los líderes europeos que han navegado en las aguas turbulentas de la crisis erigirse como figuras de referencia de estos tiempos tristes en los que todo parece perder su consistencia. Sólo Ángela, como en los ochenta Margaret, está llamada a definir las primeras décadas del siglo XXI en Eurolandia. Ella encarnará para siempre este nuevo capitalismo imperial sin rostro humano y sin compasión que es seguido sin rechistar por el resto de la derecha europea, nacional y nacionalista. Los amos del dinero, el hiperpoder financiero sabe que el oleaje y el miedo aumenta las posibilidades de hacer negocios; tienen muy claro que preocuparse por las personas no aumenta su cuenta de resultados y no van a desaprovechar todas las oportunidades que brinda las situaciones desesperadas. Miterrand, De Gaulle, Churchill, Billy Brant, Olof Palmer, Helmut Kohl son nombres que recuerdan unos tiempos en los que los políticos tenían la energía para enfrentarse a las dificultades con determinación. Ahora, con el barniz que otorga el paso del tiempo, parecen figuras mitológicas en comparación con estos governantes sin estatura que se encogen de hombros mientras se nos cae a trozos el decorado.
Es imposible saber si es una mala racha o es otra consecuencia más de esta nueva fase del capitalismo 2.0 que se está abriendo camino; lo cierto es que cada vez cuesta más encontrar nombres nuevos para confeccionar la cabeza del cartel. Superado el Brit Pop, Radiohead ,el Trip Hop, el Techno, el Block Rokin Beats y la electrónica cool, la década de los 00 ha visto como se frenaba la aparición de propuestas con tirón y calidad capaces de ascender y dar consistencia a los puestos más altos de un festival. Franz Ferdinnad, Artic Monkeys, Wilco ¿Les viene a la cabeza alguien más capaz de ejercer un liderazgo absoluto en una noche de festival? Animal Collective siempre fueron demasiado espesos, barrocos, aburridos? para arrastrar a decenas de miles de personas al escenario grande y dudo que Bon Iver consiga con su innegable calidad enardecer al gran público . Beach House y The XX siguen creciendo pero aún son deliciosas propuestas de clase media y la multipremiada Adele juega en la liga de las estrellas y queda fuera de este universo. El primer reclamo del Primavera Sound de la edición 2013 es Blur, el FIB del año 2012 construyó su hedline con New Order, The Stone Roses y Noel Gallagher entre otros. Tampoco el Sonar se libra de esta crisis de liderazgos como refleja su edición del año pasado que se presentó encabezada por New Order, The Roots, Fatboy Slim, Deadmou5, Hot Chip y Richie Hawtin lo que no sugiere una gran revolución en la aristocracia de los sonidos sintéticos. No pasa nada por disfrutar de cierto historicismo y perspectiva pero por mucho que miremos hacia atrás los desafíos los seguimos teniendo delante. Nos guste o no, no nos queda otra que seguir nadando con la determinación del que sabe, en lo más profundo de se corazón, que la mejor canción aún esta por llegar. Marcos Rubio
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sábado, 17 de noviembre de 2012
sábado, 10 de noviembre de 2012
Música electrónica para los que no escuchan música electrónica
La música electrónica nunca fue un producto fácil de vender más allá de a djs y a aficionados con ganas de trascender la celebración hedonista o de recrearla en su habitación. En España la explotación de la música Bakalao en régimen de monocultivo retrasó la llegada de los discursos sonoros mas inquietos y degradó la Dance Music entre sus consumidores potenciales. La aparición del Sonar en el 1994, la inclusión de Orbital y Chemical Brothers en el FIB del 1996, la consolidación en la radio pública de Siglo XXI un año después y el cambio de orientación de algunos clubs relevantes ayudaron a normalizar una situación que había sido anómala no sólo con respeto al Reino Unido, sino en relación a Francia, Alemania y hasta a algunos países del centro y el este de Europa.
Hoy, cuando el Sonar es una love mark que aspira a alcanzar una dimensión global y, citas como el Monegros Desert Festival o el Creamfields Andalucia están tan consolidadas como la programación de oferta electrónica en los festivales de pop no sólo independiente sino en el mismísimo Rock in Rio, resulta que sigue siendo muy difícil vender discos de música electrónica más allá de las producciones de David Guetta o los politonos con los últimos éxitos de Maxima FM. La situación no es nueva, más bien ha sido la norma y no la excepción. En el año 1997 en plena hipérbole electrónica con Fat Boy Slim y Chemical Brothers disparados en las listas de venta, la industria encendió las luces de alarma en el Reino Unido. Aquel fue el año de Roni Size Reprazent y su New Forms grabado en el prestigioso sello Talkin´Loud. El impacto de aquella combinación de Trip Hop, Jazz, Hip Hop y el ritmo y la tensión del Drum´n´Bass fue tremendo y así fue reconocido por la industria musical inglesa al otorgarle el Mercury Music Prize de ese año. Fue en medio de la explosión mediática de suplementos dominicales y diarios de tirada nacional cuando el sello alertó que todo aquel interés no se correspondía en absoluto con unas ventas raquíticas que apenas llegaban para cubrir la grabación de un disco tan largo y costoso.
Sostiene el prestigioso critico británico Simon Reynolds que las músicas electrónicas son las únicas que mantuvieron el riesgo y la experimentación durante la última década del siglo XX y la primera del XXI mientras el resto de géneros enfermaban de retromania. La experimentación, las constantes mutaciones y la promiscuidad de estilos, acentuaron los híbridos y dispararon categorías y clasificaciones. Sin embargo, pese a la inflación de conceptos se les olvidó bautizar a la música electrónica que es capaz de seducir a los consumidores que normalmente no prestan atención a los sonidos sintéticos. Propuestas como las de Air, Massive Attack, Portishead, Björk, Chemical Brothers, el Tricky de Maxinquaye, Thievery Corporation o algunas recopilaciones de el sello K7! vieron como se desbordaba el interés por su propuestas más allá del limitado nicho al que parecía circunscritas. Problmente este no sea el caso de los londineses The XX o de los americanos Beach House porque en sus composiciones lo orgánico es mayoritario y eso, casi siempre, pone las cosas más fáciles. La música de Kieran Hebden es distinta, este inglés que fue compañero de instituto de Burial y de The XX en el Elliot School de Putney lleva una década dibujando bajo su nombre y, sobre todo, bajo la bandera de Four Tet una electrónica de alta intensidad emocional que apela directamente al corazón. Acaba de recoger en un disco sus últimos eps y aún perdura el impacto de su trabajo anterior There Is Love In You (Domino, 2010) porque es una maravilla fabricada con canciones que son capaces de emocionar incluso a los que no escuchan música electrónica. Marcos Rubio
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